jueves, 15 de diciembre de 2016

ABONEMOS LA SEMILLA DEL AMOR



En estas fechas celebramos la Navidad, conmemorando así el nacimiento de Jesús, Hijo de Dios, que vivió en la Tierra para enseñarnos el camino a seguir, pero no lo entendimos cuando decía a sus discípulos: ¡déjalo todo y sígueme! Tenemos que dejar todo lo material, dejar al ego incluso, ser conscientes del Ser Divino que somos y seguir con fe ciega los caminos del espíritu. En este mundo físico en que vivimos nos sentimos impotentes y en la creencia de que todo es responsabilidad ajena a nosotros; esto es así, no podemos hacer nada, el mundo es como es, yo soy así, no puedo cambiar, es mi carácter, quizás es la genética, lo que me ocurre es porque lo he heredado, la única solución está en manos de  Dios. ¿De Dios, de que Dios?  Bueno el único que existe, el que creó todo, el que nos ha creado a nosotros. Bueno en fin, que no hay nada que hacer, que no está en nuestras manos.
Sin embargo,  somos nosotros los únicos responsables de nuestra forma de vida. No nos ilusionemos con un Dios externo al que responsabilicemos de nuestra salvación o culpemos de nuestras desgracias. Comencemos desde la convicción de que somos partícipes en la creación, pues el Dios que nos creó está en cada uno de nosotros y nosotros, con el poder que nos confiere su presencia, vamos creando en el presente el mundo que manifestamos. Lo que se siembre hoy es lo que se recogerá mañana. Lo que hagamos en el presente decidirá nuestro futuro.
Sobre esta base de confianza en nuestra responsabilidad, debemos afianzar los valores básicos para la vida, en un mundo que no nos pertenece, que debe servir a los que nos sucedan a nosotros, valores para la convivencia, para mantener el orden y la paz en un mundo que si lo organizamos desde los cimientos puede ser el Paraíso soñado.
Como hijos pródigos no perdamos la esperanza de ser acogidos al regreso a nuestra casa, aún conservamos nuestra herencia divina  la semilla del amor.
Debemos cimentar todo en el amor, que, como una carrera de fondo, todo empieza con un primer paso.   Ahora es el momento de dar ese paso y no detenernos sino seguir andando. Este es el momento idóneo, el terreno ya ha sido abonado cuidemos la semilla que está en nuestro interior,  como toda semilla habrá que esperar a que germine, crezca y dé los frutos, no es algo automático, pero poco a poco los iremos viendo si empezamos ya. Primero hemos de despejar todo,  arrancar las hierbas inútiles, arrancar todo lo que pueda perjudicar o ralentizar su crecimiento y cuidar para que el árbol sea fuerte y grande para que sus frutos den para todos. Tenemos que cambiar los viejos conceptos de competición por colaboración, de acaparar por compartir, egoísmo por altruismo, aceptar todo y actuar en vez de juzgar y criticar. Debemos vivir desde la convicción de la pertenencia a un Todo, sabiendo que lo que ocurre a uno, aunque sea en otra parte del mundo le afecta a los demás.
Cádiz, 14 de diciembre de 2016
José Luis Lladó Meléndez

lunes, 12 de diciembre de 2016

LA NAVIDAD





LA NAVIDAD

Ya estamos en Navidad. La Navidad nos hace soñar, tener ilusiones por un mundo mejor, por mejorar nuestras vidas, por hacer las cosas que siempre hemos querido, pero que vamos aplazando para otro momento más propicio. En estas fechas hay una energía especial que nos hace ser más amables con todo el mundo, más colaboradores, caritativos, nos empuja a hacer regalos, a compartir y a extender nuestra alegría a todos.
Pero si nos quedemos solo en lo material, la alegría de la Navidad se puede nublar cuando con el paso del tiempo  vamos perdiendo a nuestros seres queridos y su presencia física ya no está en este mundo. Pero la Navidad es una fiesta del Alma, de la Conciencia que somos, que todos formamos y constituimos. Debemos hacer un espacio para sentir nuestra esencia y  vivir desde esa Conciencia y así no entristecerá estas fiestas el no tenerlos  sentados a la mesa porque  los tenemos y los sentimos en el corazón.
Feliz Navidad.

Cádiz, 12 de diciembre de 2016
José Luis Lladó Meléndez

miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL PERDÓN

EL PERDÓN
Desde los más profundos sentimientos de mi corazón no puedo aceptar que la Justicia Divina sea una venganza por los males ocasionados por el hombre.
Nosotros, que estamos aquí en este plano físico para evolucionar en el amor, aún nos queda mucho que aprender y reprobamos y juzgamos a los demás, deseándoles castigos y males por los males que han hecho. Comparamos la Justicia Divina con la justicia del hombre y esto no puede ser así, al final la justicia humana deja de ser justicia, cuando con el castigo se infringe el mismo daño o mayor que el que hizo el delincuente. Y en cuanto al alma, quienes somos nosotros para juzgar.
Creo que somos nosotros los que tenemos que perdonar tal como oramos el Padre Nuestro: “Perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” y si no actuamos así, si no perdonamos nosotros, creo que por mucho que lo repitamos no podremos engañar a Dios.
Todos somos hijos de Dios, criaturas creadas por Él, a su imagen y semejanza y Él nos ama a todos por igual, como todos los padres aman a todos sus hijos.
Jesucristo predicaba con parábolas y nos dejó varias de ellas para que comprendiéramos esto: La de “la oveja descarriada”, la de “El hijo pródigo” son todos ejemplos del Amor Divino.


José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 29 de noviembre de 2016

jueves, 24 de noviembre de 2016

Volcados hacia lo externo, hemos olvidado nuestro verdadero ser y aún así en estos momentos empezamos a intuir que debe haber algo más valioso que lo que se muestra al exterior e intentamos lograrlo a bases de técnicas, terapias, cursos. Están muy de moda los centros donde imparten enseñanzas de crecimiento personal, sin embargo, seguimos confundidos, todo esto sólo sirve para satisfacer nuestro ego, creyendo que la evolución del cuerpo y la mente por el desarrollo intelectual y ejercicios físicos como el yoga, la relajación y la meditación incluso, nos pueden dar la felicidad y hacernos más satisfactoria nuestra vida, dándonos sensaciones de serenidad, de paz y optimismo. Todo esto está muy bien si no nos entretiene de la verdadera búsqueda que está en nuestro interior, porque la verdadera evolución está en vivir desde el Ser que somos esta experiencia humana. En nuestro Ser interno está la paz y la felicidad que tanto buscamos en lo externo.

            José Luis Lladó Meléndez

            Cádiz, 24 de noviembre de 2016

jueves, 19 de noviembre de 2015

IMPOTENCIA



            Impotencia, tristeza, miedo y un sentimiento incontrolado de odio a lo que nos viene de afuera. ¡Qué equivocados estamos!, tanto tiempo buscando la paz, algo que es esencia del ser humano, sin embargo nosotros, ignorantes, hemos creído erróneamente que sólo se puede lograr por medio de las guerras.
            Dejémonos de aislamientos y diferencias, dejemos de marginar ciudadanos de una u otra categoría. A veces los considerados de primera categoría nos demuestran que tras su refinamiento de modales y buena educación son los que, ocultos tras su reputada imagen y su alto nivel social, engañan y cometen las mayores atrocidades.
            Las fronteras, los muros, los guetos, son las barreras que nos limita y separa. Tenemos que eliminar las fronteras y considerarnos todos de una misma familia y así acabarían las guerras. Todos tenemos que evolucionar, no solo en las formas, en la educación y modales, sino, sobre todo, en conciencia. No debemos dejarnos engañar  con excusas para dar riendas sueltas a nuestro egoísmo y nuestra ira y cometer actos peores aún que los que han cometido los que nos han atacado. No debemos usar la violencia para combatir la violencia, pues de esta forma lo que hacemos es reforzarla y agrandarla.
            Basta ya de creer en dioses que nos separan a unos de otros, de creer en un dios que nos protege contra los que no creen en él. Si se cree en Dios, habría que intuir que es Único y por tanto que es el mismo para todo el mundo aunque lo nombremos y representemos de distintas maneras. Dios está en el interior de cada uno. Cada ser humano es parte de Dios, todos somos uno con Dios, por eso el que ataca a otro ser humano lo hace contra Dios y contra sí mismo. Con odio en el corazón no podemos hallar a Dios. Acabemos con las idolatrías y los fanatismos. Acabemos ya las luchas por la religiones, que cada cual siga con la suya, al fin y al cabo, todas pretenden conducirnos a la misma meta, son distintos caminos pero un único destino, DIOS.


José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 18 de noviembre de 2015

miércoles, 28 de mayo de 2014

CREEMOS UN MUNDO DE PAZ

            Estamos en un período de cambios. Si miramos con la perspectiva del tiempo podemos comprobar cómo hemos evolucionado los seres humanos y el mundo en general, pero en estos momentos actuales es cuando más rápidamente están sucediendo estos cambios. Esta es la era de la información, ahora todo el mundo está comunicado, no importa la distancia, las noticias vuelan. La tecnología ha avanzado mucho pero,  como todo en esta vida, esto tiene su lado positivo y el negativo.
            Ahora ya tenemos la confianza y la garantía de que todo lo que el hombre quiera lo puede lograr; volar, ir a la luna, al centro de la tierra, al fondo de los océanos, todo se hace posible a partir de una idea, de un sueño, poco a poco, poniéndonos en acción hemos alcanzado todas las metas.
            El mundo y nuestra forma de vida son productos de nuestra creación. Hemos creado cosas muy buenas, pero también otras no tan buenas. Nosotros estamos continuamente generando nuestro cielo y nuestro infierno. Todos queremos ser felices, vivir en paz, amar y ser amado, sin embargo parece que esos deseos nunca se cumplen, que no están a nuestro alcance, siempre nos empeñamos en buscarlos a través de las personas con las que nos relacionamos, por medio de cosas materiales o satisfaciendo a nuestros sentidos. Creemos que por nosotros mismos nunca podremos alcanzar esos sueños y entonces buscamos maestros, guías, a Dios en lugares sagrados, para que nos ayude. Por otro lado comprobamos que el infierno nos rodea por todas partes, hay envidias, egoísmos, miedos, guerras y pensamos que un mundo así es imposible cambiarlo por mucho empeño que pongamos y sin embargo nosotros somos los únicos responsables de nuestras vidas.
            Todo es energía y conforme a la Ley de Atracción, según sea la vibración de la energía generada las cosas se atraen o se repelen. Tenemos que aprender a generar la vibración de lo que deseamos en nuestra vida. Todo lo que percibimos es creación nuestra, no podemos culpar a Dios de las desgracias que sufrimos. Tenemos que despertar y comprender que todo lo vamos creando desde nuestro interior. Es en nosotros mismos dónde está ese cielo y ese infierno y por eso tenemos que tener mucho cuidado con nuestros pensamientos, que son el origen de nuestras creaciones. Estos deben estar orientados siempre hacia lo positivo, tenemos que ir avanzando siempre en el desarrollo de la mente pero, sin olvidarnos de la conciencia, generar pensamientos de amor para todo lo que hagamos y relacionarnos desde el amor, colaborando unos con otros, comprendiendo que haciendo felices a otros también logramos nuestra felicidad.
            Sabiendo ya que el poder creador está en nuestro interior, generemos cada uno  viviendo de forma coherente con esas buenas intenciones los cambios que deseamos, porque la paz en el mundo sólo se conseguirá a través de la paz del individuo. Aprovechemos las nuevas tecnologías para ir animándonos y apoyándonos unos a otros, aportando cada uno lo mejor de sí que, por otro lado, es nuestra misión en la vida. Así entre todos lograremos un mundo mejor y alcanzaremos el cielo en la tierra.


José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 27 de mayo de 2014

martes, 14 de enero de 2014

CONCIENCIA DEL SER

Pensamos que por azar nos ha tocado vivir en estos momentos, en este lugar, en estas circunstancias y creemos que todo lo que logramos en la vida es gracias a nuestro esfuerzo y consideramos todos estos logros como nuestras pertenencias. Así creemos que todo nos pertenece, desde nuestro cuerpo físico, nuestra inteligencia, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras emociones, todo entra a formar parte nuestra, consideramos que también nos pertenecen los familiares, los amigos, así como las posesiones materiales: dinero, casas, coches, etc. Pero nada de esto nos pertenece. Todo lo que existe es energía y la energía ni se crea ni se destruye, solamente se transforma y según nuestra evolución vamos alcanzando distintos niveles de vibración de esa energía de la que todos formamos parte, de esa unidad que somos. Cuando morimos nos desprendemos de esa baja vibración de la energía soltando nuestro cuerpo físico, nuestra inteligencia, pensamientos, sentimientos, emociones, familiares, amigos, así como las posesiones materiales: pero nada de eso somos nosotros, ni nos pertenece, ni podemos llevárnosla al morir. Lo único que debemos procurar en esta vida física es acrecentar nuestro espíritu, elevar la vibración de la energía. Todo es energía, todo lo que existe es la misma energía, energía inteligente o Conciencia, que es la creadora de todo o si queremos podemos llamarla Dios. Nuestra misión en esta vida es amar. Ya nos lo dijo Jesús con el mandamiento que nos dejó “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Con esa vibración de amor es cómo vamos alcanzando los distintos estados del Ser que somos, desde esta manifestación humana hasta la Divina. En estos momentos estamos volviendo a casa y para ello nuestra vibración tiene que ser acorde a ese estado del Ser del que tenemos conciencia. Si creemos esto, es decir, si creemos en la existencia de Dios nos es más fácil nuestra tarea en esta manifestación física, pues así no nos olvidaremos de la parte espiritual o divina. Con la certeza de la existencia de Dios ya se tiene todo para ser feliz. Sabiendo que Dios está en todas partes, que forma parte de todo, que es el creador de todo, y que por ello Él está en cada uno de nosotros. De esta forma debemos tener confianza en nosotros mismos, puesto que Dios está en nosotros, aún más, debemos tener confianza de que todo lo que existe es Dios, Dios está en todas partes, es el creador de todo y Dios completa todo. Cada parte de Dios es completa, cada uno de nosotros formamos parte de un Todo o de la Unidad y a su vez ese Todo está en cada uno. Cada uno percibe la realidad con la que vibra. Cuando nuestra vibración se eleve a la de Dios nada nos separará de Él, tendremos Conciencia de Dios. Elevemos nuestras vibraciones, esto solo es posible a través del amor. José Luis Lladó Meléndez Cádiz, 14 de enero de 2014