miércoles, 4 de julio de 2012

MANIFESTACIONES POSITIVAS

Estamos en una época de cambios muy rápidos, vemos como todo va variando constantemente, sobre todo la forma de pensar, los valores, la ética, la moral, las prioridades en la vida.
Hemos vivido sometidos por el miedo, ahora la sociedad está evolucionando y comprendiendo que el miedo es creación del ego. Sabemos que todo lo que percibimos como verdadero en nuestra mente es lo que manifestamos en el plano físico. Nosotros somos los creadores de nuestro destino. Todos los días son iguales y cada uno de nosotros elige como quiere vivirlo. El día es igual para todos. Cuando despertamos podemos empezar con quejas, mal humor y de forma negativa, o por el contrario despertar agradecidos por estar vivos e ir generando a lo largo del día cosas positivas. Como vemos el día es el mismo para todos, pero la forma de vivirlo es distinta según nuestra actitud. No debemos responsabilizar a las circunstancias o  a los demás de nuestros sufrimientos o felicidad, debemos ser conscientes de que cada uno es responsable de la forma de vivir su vida.  
Ahora que el mundo está teniendo un gran cambio, debemos centrarnos en lo positivo, no manifestarnos para hablar, meditar o protestar contra algo que no queramos, pues de esa manera reforzamos la energía negativa. Por el contrario cada uno, individualmente o en grupos, debemos pensar, hablar y actuar  de forma positiva sobre todo. Pongamos en nuestras mentes pensamientos positivos y actuemos coherentemente con dichos pensamientos. Manifestémonos de forma positiva, con alegría, sintiendo que nuestras vibraciones positivas sirven para que energías de la misma vibración sean las que nos llegue.
Ahora que el mundo entero está experimentando que el estado de bienestar no puede seguir manteniéndose a costa de la ambición de muchos, la corrupción de algunos  políticos y el miedo del pueblo, pongámonos en acción desde la unidad todos los funcionarios, desde la libertad no desde el miedo, seamos una piña todos unidos por el bien de todos, que no impida esta unidad ni los colores, ni las ideas ni los líderes, pensemos que lo que está en juego nos afecta a todos y no sólo a los funcionarios. Nosotros somos el colectivo que mantiene a toda la sociedad, a pesar de los sueldos cada vez más reducidos. Estamos viviendo el cambio que era de esperar, no puede seguir la vida en un mundo con tantas desigualdades, la humanidad debe evolucionar, pero si se mira con perspectivas vemos que no ha sido así en todos los aspectos. Esta crisis económica ha sido el detonante para que tomemos conciencia de que los bienes materiales están para satisfacer nuestras necesidades, y que debemos compartirlos entre todos, que hay para todos, para la convivencia de todos y las relaciones entre todos. Deben fomentarse  los valores básicos donde cimentar toda la existencia. Esos valores son los que no hemos sabido mantener, se han quedado atrás en la evolución. Hemos tenido una gran evolución intelectual, científica y tecnológica, en detrimento de la evolución moral, ética y espiritual. Ahora debemos darnos cuenta de que es desde el compromiso de cada uno como podemos lograr el cambio, así  la sociedad irá adquiriendo los valores básicos para una mejor convivencia, debemos darnos cuenta de que la paz ya la vamos sintiendo cada uno y así entre todos iremos logrando que la paz individual vaya llegando al mundo, anulándose así todos los conflictos.
Cambiemos la imagen que la sociedad tiene de los funcionarios, aprovechemos la crisis para que cada uno y así entre todos seamos los que iniciemos el cambio a una sociedad mejor, con nuestros actos, no con nuestras críticas, con actitudes solidarias como puede ser de ayuda a todo el que  necesite ayuda, colaborando económicamente, con aporte de alimentos, o con cualquier otro tipo de ayuda directamente o con las instituciones y asociaciones sociales.
Manifestémonos todos unidos a favor de lo que deseamos conseguir, con pensamientos positivos y sobre todo con nuestra actuación directa acorde a esos pensamientos.







José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 4 de julio de 2012

martes, 3 de julio de 2012

CONFERENCIA EN ARU EL 01/07/12



LAS DIFERENCIAS NOS HACEN CRECER

Voy a contar un cuento que se me ocurrió hace mucho tiempo y siempre se lo contaba yo a mis hijos cuando eran pequeños.  Es como sigue:
Empieza como todos los cuentos. Erase una vez.
Erase una vez habían dos pueblos vecinos. En uno sus habitantes eran gigantes, unos más o menos alto que otros, pero en definitiva todos eran gigantes y el otro por el contrario estaba poblado por hombres y mujeres muy bajitos, aunque también entre ellos los había más o menos bajito. Ninguno de los habitantes de un pueblo había visto nunca a los del otro pueblo. Los habitantes de cada uno de los pueblos  desde siempre habían creído que los habitantes del pueblo vecino  eran muy  diferentes  a ellos, y por ese motivo nunca se atrevían a salir de su pueblo, para no encontrarse con sus extraños vecinos.
Pero en una ocasión el más bajito del pueblo de los gigantes, que estaba arto de que siempre se estaban burlando de él, diciéndole enano y cosas por el estilo, para desahogarse  se aventuró a salir de su pueblo, era un día de primavera y el campo estaba muy bonito y la temperatura muy agradable, así que se introdujo por un camino y comenzó a andar y sin darse cuenta  se alejó de su pueblo.
Al mismo tiempo desde el otro pueblo, el más alto de todos, de entre los bajitos, como no paraban de reírse de él y llamarle en forma despectiva, “gigante”, y que no servía nada más que para jugar al balón cesto, decidió alejarse del pueblo para buscar un poco de tranquilidad en el campo. Era un día precioso de primavera.  
De pronto,  el gigante bajito vio a lo lejos a un hombre que venía por el camino hacia él, cuando se cruzaron se miraron y se saludaron, y el gigante bajito le preguntó al otro, de donde venía. Cuando le contó que era del pueblo vecino del de los hombres bajitos, los dos se quedaron mirándose el uno al  otro e incluso se midieron y se abrazaron al comprobar que tanto el más bajito de los gigantes como el más alto de los bajitos eran iguales , vieron que no eran tan diferentes, no entendían como no se habían dado cuenta nunca antes y habían pasado toda la vida temiendo encontrarse con sus extraños vecinos, entonces se dieron la mano y pactaron hablarlo cada uno en su pueblo, para organizar una fiesta  de primavera a mitad de camino entre los dos pueblos, y así hicieron y un día de fiesta se unieron a donde el rio todos los habitantes de los dos pueblos, entonces comprobaron que entre todos unos eran más altos que otros, pero que en realidad no era motivo para temerse, así a partir de ese día ya los dos pueblos se unieron en uno sólo y de la unión de lo mejor de cada uno al cabo de unos años los nuevos nacimientos no mostraban tanta diferencia, se había conseguido un equilibrio entre las dos razas.
Con este cuento como ejemplo vemos como a veces tememos abrir nuestras emociones, sentimientos, salir de nosotros mismos y mostrarnos como somos, tenemos miedo también de los demás y nos protegemos para no permitir a nadie que invada nuestra intimidad, tememos a la comunicación directa, abierta y sincera. Nuestras percepciones crean nuestros miedos y no nos atrevemos a salir de nuestro entorno, solo vemos en los demás las diferencias y nos permitimos juzgar y suponer que nosotros somos mejores, y que hay que apartarse de los que no son como nosotros. Al mismo tiempo todo lo comparamos y medimos, pero utilizamos nuestras percepciones para medir. Como en el cuento, a partir de qué medida se considera gigante, pues el más bajito de ellos podía haber estado en el pueblo de los bajitos, o al contrario. Vemos que todo depende con qué se compare. Los dos pueblos crecieron, se hicieron grandes cuando sus habitantes dejaron de percibir sus diferencias y se unieron. Comprobamos que es precisamente con los que son diferentes a nosotros con los que más nos  beneficiamos, es con ellos con los que podemos aprender. Pues poco aprenderíamos si todos fuésemos iguales, las diferencias de unos y otros son precisamente los complementos, es lo que necesitamos para ser completos.  Somos piezas de un puzle en el que cada uno encaja con los otros y entre todos vamos creando un mural perfecto.
Gracias a las diferencias la humanidad ha sobrevivido tanto tiempo, pues si todos fuésemos iguales, cualquier bacteria o virus que atacase a algunos de sus miembros hubiera exterminado a todos y la humanidad hubiera desaparecido ya hace mucho tiempo, pero gracias a las diferencias entre unos y otros, de razas, de genéticas, siempre ha habido algún sector que ha tenido anticuerpos que han servido para combatir la epidemia, logrando salvar a la humanidad.
Como en el cuento vemos que gracias a las diferencias, todos crecemos.
Cádiz, 1 de junio de 2012
              José Luis Lladó Meléndez