No debemos juzgar a los demás, ni pensar que son diferentes de nosotros mismos. Todas estas diferencias son externas. Nos solemos fijar en las diferencias, y las diferencias son solo nuestras percepciones de lo que creemos como verdadero. Debemos ver en todo lo que nos une y nos iguala en vez de ver la separación. Nuestro Yo Interno es Dios y todos tenemos o somos el mismo Dios.
Pensemos por un momento que Dios fuera todo lo que no se ve, el aire por ejemplo, y nosotros un globo vacío, imaginemos como un soplo del mismo Dios nos da vida y el globo se hincha y así nacemos, pero justo a partir de entonces empezamos a ver todo lo que está afuera de nosotros, y vemos a los demás parecidos a nosotros, son otros globos, distintos colores, tamaños y formas, pero semejantes, y empezamos a relacionarnos con ellos y a experimentar la vida, aprendemos, conseguimos una educación, y creemos que somos la envoltura de afuera, el globo que vemos. Nos distinguimos por las etiquetas que nos hemos ido poniendo unos a otros o nosotros mismos, y así pensamos que somos diferentes y en algunos aspectos mejores que los demás, esta forma de pensar o vivir es desde el ego, personaje que se ha creado desde nuestra superficie. Pero cuando dormimos nos relajamos y algo del soplo divino de dentro del globo se escapa y entonces vemos de donde procedemos y vemos a otros que también están fuera del globo, pero al despertar todo vuelve a ser como siempre, y pensamos que solo ha sido un sueño una ilusión de la mente. A veces, en algunos momentos pensamos que somos algo más que nuestro físico, o nuestra mente, que hay algo que es lo que maneja y mantiene lo que somos. Cuando nos dedicamos algunos momentos a meditar en silencio, percibimos otra realidad muy distinta, algunas personas más habituadas a la meditación y evolucionadas, experimentan la realidad de lo que somos y nos dicen lo que hoy estamos empezando a intuir la mayoría y es que somos todo lo que es, no solo somos el globo que vemos, que lo que realmente somos debemos buscarlo en el interior, y que el interior no es distinto de lo que hay afuera y que tanto lo de dentro como lo de afuera es lo mismo, sabemos entonces que todo es lo mismo, que todo lo que existe es la Unidad , que esa plenitud que nos constituye fluye y es lo que llamamos vida, y nosotros somos parte de la vida, fluyamos y nuestra experiencia en esta forma material será de felicidad, y no nos opongamos a lo que suceda, así evitaremos el sufrimiento. Si llegamos a sentir esto y lo vivimos plenamente habremos eliminado el miedo y todo lo derivado de él, como el egoísmo, la vanidad, los celos… así al sentirnos que estamos todos en el mismo cuerpo, que formamos parte de una unidad, que somos lo único que hay, sentiremos que nada nos puede ocurrir que no sea para nuestro bien.
José Luis Lladó Meléndez
12 de noviembre de 2011