lunes, 19 de agosto de 2013

AMARSE A SÍ MISMO



Hola. Hace tiempo escribí una reflexión sobre el amor, que la puedes leer en este blog.  Decía que la vida es una escuela en donde se nos van presentando los distintos cursos para aprender a amar desde los círculos más pequeños, los más cercanos: los padres, hermanos, abuelos, tíos y así hasta que aprendamos a amar y llegar a ser puro amor.
            A pesar de que ya nos lo dijo Jesús cuando nos dejó el único mandamiento que debíamos cumplir: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. No siempre se entienden las cosas de la misma forma, e incluso algunas opiniones o algunas creencias como verdaderas,  con el paso del tiempo se entienden de otra forma.
            Yo ahora creo que el propósito de la vida es amar, amar tanto que lleguemos a ser solo amor, que es volver a Dios. A través del amor conseguimos lograr todas las demás cualidades; la felicidad, la paz, etc.
            Hay muchos caminos para una misma meta que es como he dicho el amor. Cada uno tenemos unos medios y unas cualidades y así aún con distintas experiencias la meta es la misma y creo que lo importante es hacer crecer esa semilla del amor, esencia que somos y expandirla. Para ello, lo primero, antes, mucho antes de poder amar a los padres, los hijos, e incluso a Dios, tenemos que amarnos a nosotros mismos, cuidando y expandiendo ese principio divino de nuestro interior.
AMARSE A SÍ MISMO
Aunque parezca una barbaridad lo que voy a exponer, la misión más importante que cada uno debe realizar prioritariamente, es amarse a sí mismo. Empezar a querernos.
Esto no debe confundirse nunca con egoísmo. A veces creemos  esto porque confundimos el amor a uno mismo con la forma de procurarnos placeres que solo satisfacen los deseos de los sentidos. Eso sí sería egoísmo, porque es conseguir todo lo que deseamos inducido  por el ego.
No es amarse a uno mismo el comprarse un coche nuevo, el recibir un masaje relajante, hacer un crucero o disfrutar de una buena comida por ejemplo. Amarse a uno mismo es desprenderse de todo lo que nos tiene atado y nos priva de la libertad de “Ser”, porque somos algo más que el cuerpo y la mente a los que el ego engaña fácilmente. Somos esclavos de nuestros antiguos pensamientos; que generan nuestras emociones y sentimientos. Estamos en una cárcel sin barrotes, aunque los barrotes más fuertes son los que a cada uno le pone su propia mente.
Para amarse uno mismo hay que dejar todo lo antiguo y atreverse a dar un drástico cambio. Tenemos que ponernos a trabajar cada uno en sí mismo para ir poco a poco modificando los mecanismos automáticos que nos tienen enganchados en los mismos sentimientos. Para ello debemos estar siempre atentos a nuestros pensamientos y desechar cualquier pensamiento negativo, cualquier pensamiento de culpa, de inseguridad, de duda. Tenemos que ir generando pensamientos positivos, tener fe en nosotros, no necesitar el halago de los demás, para saber que lo que hacemos está bien, ni tampoco hacer caso de las críticas, que lo único que conseguirían sería bajar nuestra estima. Si tenemos fe en nosotros mismos poco a poco nuestra autoestima irá subiendo y como consecuencia nuestro estado de ánimo será más alegre y hará que nuestras emociones y sentimientos sean optimistas. Una de las cosas principales que nos ayudan para lograr esto es vivir el presente, desechando que nos siga atormentando el recuerdo de cualquier acontecimiento pasado e ignorando algo que pueda preocuparnos en el futuro. De esta forma anulamos los miedos, la depresión y la ansiedad.
Liberarnos de todo esto es amarnos a nosotros mismos, así es como podremos amar a los demás. No hay otra forma posible. Solo podemos dar lo que tengamos y si lo que tenemos son temores, depresiones, ansiedades, remordimientos, resentimientos, pensamientos negativos, tristeza, culpa, etc., eso es lo único que podríamos dar. De este modo no podemos dar amor a nadie, pues es precisamente de lo que menos tenemos. Cambiemos todas esas tendencias. Cambiemos todo pensamiento negativo por su opuesto positivo, vivamos el presente.
No tratemos de dirigir la vida de nadie, cada uno va cambiando a su ritmo y según su libre albedrío. Hay que vivir y dejar vivir. Si queremos que alguien cambie es porque algo tenemos que cambiar en nosotros. Todo cambio que cada uno haga así mismo será reflejo en los demás y poco a poco irá moldeando su entorno.  



Cádiz, 19 de agosto de 2013
José Luis Lladó Meléndez

        

viernes, 19 de julio de 2013

LA FELICIDAD



La felicidad, eso que todos buscamos pensando que es algo que podremos alcanzar, pero, parece que en esta vida nadie alcanza la felicidad. El problema es porque confundimos felicidad con bienestar y sí, puede uno confundirse, pero el bienestar  está limitado al espacio, al tiempo o al objeto, depende de las circunstancias, y sobre todo de nuestra percepción.  En cambio la felicidad, que no significa tampoco placer o estar siempre riendo, es algo intangible, algo que hay que ir viviendo día a día.   No es encontrarla y quedarse con ella, no, todo acaba por hacernos ver al final que somos infelices. Porque, por culpa de quienes, cómo no logramos la dicha en nuestra vida. Cuanto más nos empeñamos en alcanzarla desde afuera más lejos parece estar. Es como la zanahoria para el burro. Andamos y andamos, pero nunca llegamos a obtenerla. Nos parece que ya está cerca, vamos a conseguir el trabajo, la pareja, los hijos, vamos a hacer un viaje, comprar una casa, un coche nuevo, cuando tengamos lo que deseamos pensamos que seremos felices, pero mientras no lo somos, cuando lo obtenemos vemos que aún faltan más cosas, y así siempre, además somos infelices porque una vez alcanzado lo que queríamos empiezan nuestras preocupaciones, lo podemos perder, nos lo pueden quitar, podemos sufrir un accidente, morir, empiezan los miedos, lo que nos indica que esto no es felicidad. La felicidad pues no podremos alcanzarla nunca a través de algo que esté fuera de nosotros o a través de otras personas, o mediante la satisfacción de nuestros deseos, los cuales son inagotables, cada vez deseamos más. La felicidad es conformarse con lo que se tiene y disfrutar de ello. La felicidad es la ausencia de deseos.
 La felicidad solo podemos vivirla, sentirla día a día. No es algo que el cuerpo físico pueda experimentar ni siquiera el cuerpo mental, que solo podría imaginar o soñar, algo que no es real. Hay que volver a aprender a ser feliz. Sí, digo volver, porque cuando nacemos somos felices, pero la familia, la sociedad, el entorno nos va ocultando esa felicidad que traemos todos innata. Tenemos que aprender a tener pensamientos positivos, porque los pensamientos son los que generan nuestros sentimientos. Debemos acostumbrarnos a dejar de recrearnos con los pensamientos negativos o recuerdos dolorosos del pasado. Por otro lado debemos aprender a conformarnos con lo que tenemos, anhelar lo que no tenemos nos hace infelices y si logramos conseguir lo que queremos seguiremos queriendo algo más, nunca estaremos satisfecho, esto provoca ansiedad.
Nosotros los seres humanos tenemos una mente racional, que si la usamos bien es la mejor herramienta que tenemos para ser felices.
Lo que pasa es que siendo la mente la mejor herramienta de la que dispone el ser humano, ésta se ha convertido en un arma en contra de sí mismo, porque ya no somos nosotros los que manejamos a la mente para nuestro servicio, sino que ésta nos maneja a nosotros. Nos hemos convertido en esclavos de nuestra propia mente. Estamos condicionados por patrones de conductas. Es decir ante una situación determinada, reaccionamos conforme a unos patrones archivados en nuestro subconsciente,  de la misma forma en que lo hemos hecho en otras ocasiones, por los que ni siquiera somos conscientes de ello.
Todo esto se puede modificar, aún podemos variar nuestra forma de afrontar las situaciones según nuestra percepción de las mismas. 
Hasta ahora, ante acciones de otras personas o ante una situación que nos desagradaba, reaccionábamos con ira, sin pensarlo y sin ser consciente de ello, enseguida se pone en marcha el mecanismo que acciona el patrón de conducta que está en nuestro subconsciente, por ejemplo; ante una discusión con alguien, aun seguimos recordándola y alterándonos sin estar presente la persona a la que consideramos culpable y sin saber esa persona siquiera nada de lo que nosotros estamos sufriendo.
Tenemos que aprender a manejar la mente a nuestro servicio. Ya hemos comprobado el sufrimiento que nos provocamos nosotros mismos, y como repercute todo en nuestra salud. Cambiemos los hábitos, nuestra forma de pensar y empecemos a poner la mente a nuestro servicio. Nuestra mente es la mejor farmacia que podemos tener siempre a nuestra disposición. Si supiéramos utilizarla correctamente creo que se erradicarían casi todas las enfermedades. Sabemos que nuestros sentimientos y emociones condicionan nuestro estado emocional y todo esto tiene su origen en nuestra mente. Pensemos de forma positiva y estaremos creándonos sentimientos agradables y emociones placenteras y biológicamente tendremos las mismas respuestas.



José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 10 de julio de 2013

viernes, 15 de marzo de 2013

TENEMOS QUE CAMBIAR

TENEMOS QUE CAMBIAR

            Estamos pasando un período de cambio, de crisis, estamos viendo como la realidad que hemos creado no puede sustentarse por más tiempo.
            Estamos comprobando como cae la economía, los gobiernos  corruptos, ya la religión tampoco se mantiene, se ha perdido la fe.
            El ser humano tiene conflictos en su interior y eso es lo que manifiesta. Tal como están las cosas vamos a la destrucción del hombre por el hombre y del mundo.
            ¿Tenemos que llegar a la destrucción total para comprender que así no podemos seguir? Creo que no.
            Hay esperanzas, empecemos hoy a construir nuestro futuro, pero claro no continuando con lo que tenemos, hay que dejar las viejas tendencias, hay que abandonar todas las creencias erróneas. El ser humano  sólo puede ser salvado por el ser humano. Para ello tenemos que empezar a sentar las bases de ese nuevo futuro.
            Sólo tenemos el presente para poder realizarnos. Debemos  empezar con la comprensión de que todo lo que nos sucede es responsabilidad nuestra.
            Hasta ahora hemos vivido en la creencia de que todo es responsabilidad ajena a nosotros. Esto es así, no podemos hacer nada, el mundo es como es, siempre ha habido crisis, las vacas gordas y las flacas, todo es un péndulo, momentos buenos y momentos malos, nosotros solo tenemos que vivir pues hagamos lo que hagamos esto no podemos cambiarlo. Yo soy así, no puedo cambiar, es mi carácter, quizás es la genética, lo que me ocurre lo he heredado, la única solución está en manos de  Dios. ¿De Dios, de que Dios?  Bueno el único que existe, el que creó todo, el que nos ha creado a nosotros. Bueno en fin que no hay nada que hacer, que no está en nuestras manos.
            Todo esto tenemos que dejarlo ya, si queremos cambios positivos tenemos que ser radicales, abandonar todas las antiguas tendencias, hay que morir para vivir de nuevo. El fin del mundo llega, para que nazca un mundo nuevo. En este mundo no dejemos que nada ajeno a nosotros sea responsable de nuestra vida. Convirtamos este mundo en el Paraíso. No nos ilusionemos con un Dios externo que responsabilicemos de nuestra salvación o culpemos de nuestras desgracias. Comencemos desde la convicción de que somos partícipes en la creación pues el Dios que nos creó está en cada uno de nosotros y nosotros, con el poder que nos confiere su presencia, vamos creando en el presente el mundo que manifestamos. Lo que se siembra hoy es lo que se recogerá mañana. Lo que hagamos en el presente decidirá nuestro futuro.
            Una vez sentada esta base de confianza en nuestra responsabilidad, debemos afianzar los valores básicos para la vida en un mundo que no nos pertenece, que debe servir a los que nos sucedan a nosotros, valores para la convivencia, para mantener el orden y la paz en un mundo que si lo organizamos desde los cimientos puede ser el Paraíso soñado.
            No debemos impacientarnos creyendo que no sucede nada, debemos tener fe en nosotros. Cada uno debemos ir cuidando la semilla que ya está en su interior, el terreno ya ha sido abonado, todo está perfecto, ahora es el momento idóneo, como toda semilla habrá que esperar que germine, crezca y de los frutos, no es algo automático, pero poco a poco iremos viendo los primeros frutos si empezamos ya. Primero hemos de despejar todo,  arrancar las hierbas inútiles, arrancar todo lo que pueda perjudicar o ralentizar su crecimiento y cuidar para que el árbol sea fuerte y grande para que sus frutos den para todos.
            Veintiún siglos  de civilizaciones han hecho falta para llegar al mundo actual. No es tarea fácil cambiar la forma de pensar para ir cambiando la forma de actuar, para ir cambiando la forma de vivir,  pero en algún momento tenemos que empezar. Como una carrera de fondo, todo empieza con un primer paso.   Ahora es el momento de dar ese paso y no detenernos sino seguir andando.
            Tenemos que cimentar todo en el amor. A partir de este sentimiento es más fácil la convivencia. Tenemos que cambiar los viejos conceptos de competición por colaboración, de acaparar por compartir, egoísmo por altruismo, aceptar todo y actuar en vez de juzgar y criticar. Tenemos que vivir desde la convicción de la pertenencia a un Todo, sabiendo que lo que ocurre a uno, aunque sea en otra parte del mundo nos afecta a todos.
            Aún estamos a tiempo de frenar esta destrucción a la que nos está llevando esta forma de vida inconsciente en la que nos vemos inmersos los seres humanos en donde las cosas se hacen sin querer que sucedan.
             El investigador, el científico, queriendo ayudar a la humanidad descubre e inventa una bomba que luego sirve y se usa para destruir, pero él no la creó con ese fin. El político recorta derechos aunque no le gusta hacerlo. La Iglesia condena excomulga y culpa al pecador aunque en realidad quiere perdonar. Como vemos parece como si todos quisiéramos una cosa y a la fuerza nos viéramos obligados a hacer lo que no queremos.
            Todo esto debe cambiar, para ello debemos buscar la coherencia entre nuestros pensamientos, palabras y forma de vivir. Ser uno mismo, no tratar de aparentar otra cosa, no ser marionetas de nadie, no vivir al antojo de nadie. Por algún motivo cada uno nos manifestamos de una forma diferente. Vivamos esas diferencias, no tratemos de ser todos copias unos de otros.


José Luis Lladó Meléndez
9 de marzo de 2013

           
           

miércoles, 13 de marzo de 2013

SER POSITIVO

SER POSITIVO
En algún momento de la evolución el ser humano se sintió separado de la fuente de la Creación y comenzó a vivir su vida con sensación de soledad y abandono, impotente ante circunstancias fuera de su control. Comenzando así a perder la confianza en sí mismo, y a base de experiencias fue introduciendo miedos en su subconsciente, creando así energías de baja vibración como mecanismo de defensa de esos miedos, así poco a poco nuestro subconsciente se fue cargando de ira, egoísmo, ambición, vanidad, orgullo, llegándonos a creer que eso es parte de la naturaleza humana.
Por el contrario nos afanamos por buscar la felicidad, como algo que no nos pertenece y que sólo algunas personas con suerte pueden conseguir. La buscamos, equivocadamente, en posesiones materiales, sin saber que,  precisamente, eso si forma parte de nuestra naturaleza.
Ahora ya ha llegado el momento de reflexionar y comprender que aunque hemos sido esclavos de los miedos, estos no forman parte de nosotros y que si queremos podemos, poco a poco, hacer que desaparezcan. Todo eso podemos hacerlo empezando a confiar en nosotros mismos, dejando de buscar la felicidad. Desde el momento en que nos demos cuenta de las cualidades que conforman nuestro Ser, dejaremos de buscar lo que desde siempre forma  parte de nosotros mismos.
Estamos más acostumbrados a lo negativo que a lo positivo. Cuando vamos al médico, por ejemplo, en la sala de espera unos a otros  se preguntan: “Vd. ¿por qué viene?” y parece como si nos recreáramos en contar los males, como presumiendo a ver quien está peor. Por otro lado, las conversaciones en la calle, en la oficina, en el autobús, en todos lados es igual: “estamos fatal”, “no sé a dónde vamos a llegar”, “la economía está mal” “cada vez hay más paro”, “todo está cada vez más caro”, “que cara está la gasolina”, “el euro no vale nada”.
Cambiemos esto, hablemos en positivo: “Que bien te veo” estás estupendamente, cada día estamos mejor. Que día más bonito hace, que maravilla de playa, mis nietos son un encanto, en el trabajo estoy muy bien, rodeado de muy buenos compañeros y los jefes también son mis amigos, hay que trabajar para vivir, pero la vida sigue incluso fuera del trabajo, todo es una maravilla.
Pensemos en positivo, no demos tregua a ningún pensamiento negativo, adoptemos la buena costumbre de cambiar cualquier pensamiento negativo por su opuesto en positivo, hablemos en positivo y vivamos en positivo. Soltemos los miedos y no nos sintamos atados por ellos creyendo que no hay nada que hacer, que no nos suceda como al elefante con la estaca. El elefante de circo no se escapa porque estuvo atado a una estaca desde muy, muy pequeño. De recién nacido el elefantito tiró, empujó, tratando de soltarse y a pesar de tanto esfuerzo nunca lo logró, así siempre estuvo intentándolo durante mucho tiempo, hasta que un día se resignó y aceptó su impotencia. Este elefante ya adulto, a pesar de su fuerza, no se escapa porque cree que no puede hacerlo. Ya hace tiempo que dejó de luchar y cree que no hay nada que hacer.
Eso mismo nos pasa a nosotros los seres humanos, hemos dado por cierto tantas cosas que actuamos por inercia, nuestro subconsciente nos maneja, pero no somos así, nosotros tenemos un gran potencial de cualidades que debemos desarrollar. En nuestro interior está nuestra esencia. Tenemos todo el poder que creamos tener. Nuestra naturaleza es amor, cuando adquiramos la coherencia entre nuestros pensamientos, palabras y forma de actuar tendremos orden en nuestra vida, tendremos paz y en cuanto reconozcamos que no tenemos nada que buscar, comprobaremos que también poseemos la felicidad.
Fomentemos esas cualidades. Nuestra felicidad y nuestra paz están en nuestro interior. Lo que fomentemos en nuestro interior será lo que reflejemos en el mundo. Hagamos que el mundo, reflejo de nuestros sentimientos, sea un lugar de amor, paz y felicidad.



José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 12 de marzo de 2013