Hola. Hace tiempo escribí
una reflexión sobre el amor, que la puedes leer en este blog. Decía que la vida es una escuela en donde se
nos van presentando los distintos cursos para aprender a amar desde los
círculos más pequeños, los más cercanos: los padres, hermanos, abuelos, tíos y
así hasta que aprendamos a amar y llegar a ser puro amor.
A pesar
de que ya nos lo dijo Jesús cuando nos dejó el único mandamiento que debíamos
cumplir: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. No
siempre se entienden las cosas de la misma forma, e incluso algunas opiniones o
algunas creencias como verdaderas, con
el paso del tiempo se entienden de otra forma.
Yo ahora
creo que el propósito de la vida es amar, amar tanto que lleguemos a ser solo
amor, que es volver a Dios. A través del amor conseguimos lograr todas las
demás cualidades; la felicidad, la paz, etc.
Hay
muchos caminos para una misma meta que es como he dicho el amor. Cada uno
tenemos unos medios y unas cualidades y así aún con distintas experiencias la
meta es la misma y creo que lo importante es hacer crecer esa semilla del amor,
esencia que somos y expandirla. Para ello, lo primero, antes, mucho antes de
poder amar a los padres, los hijos, e incluso a Dios, tenemos que amarnos a nosotros
mismos, cuidando y expandiendo ese principio divino de nuestro interior.
AMARSE
A SÍ MISMO
Aunque
parezca una barbaridad lo que voy a exponer, la misión más importante que cada
uno debe realizar prioritariamente, es amarse a sí mismo. Empezar a querernos.
Esto
no debe confundirse nunca con egoísmo. A veces creemos esto porque confundimos el amor a uno mismo
con la forma de procurarnos placeres que solo satisfacen los deseos de los
sentidos. Eso sí sería egoísmo, porque es conseguir todo lo que deseamos
inducido por el ego.
No
es amarse a uno mismo el comprarse un coche nuevo, el recibir un masaje
relajante, hacer un crucero o disfrutar de una buena comida por ejemplo. Amarse
a uno mismo es desprenderse de todo lo que nos tiene atado y nos priva de la libertad
de “Ser”, porque somos algo más que el cuerpo y la mente a los que el ego
engaña fácilmente. Somos esclavos de nuestros antiguos pensamientos; que
generan nuestras emociones y sentimientos. Estamos en una cárcel sin barrotes,
aunque los barrotes más fuertes son los que a cada uno le pone su propia mente.
Para
amarse uno mismo hay que dejar todo lo antiguo y atreverse a dar un drástico
cambio. Tenemos que ponernos a trabajar cada uno en sí mismo para ir poco a
poco modificando los mecanismos automáticos que nos tienen enganchados en los
mismos sentimientos. Para ello debemos estar siempre atentos a nuestros
pensamientos y desechar cualquier pensamiento negativo, cualquier pensamiento
de culpa, de inseguridad, de duda. Tenemos que ir generando pensamientos
positivos, tener fe en nosotros, no necesitar el halago de los demás, para
saber que lo que hacemos está bien, ni tampoco hacer caso de las críticas, que
lo único que conseguirían sería bajar nuestra estima. Si tenemos fe en nosotros
mismos poco a poco nuestra autoestima irá subiendo y como consecuencia nuestro
estado de ánimo será más alegre y hará que nuestras emociones y sentimientos
sean optimistas. Una de las cosas principales que nos ayudan para lograr esto
es vivir el presente, desechando que nos siga atormentando el recuerdo de
cualquier acontecimiento pasado e ignorando algo que pueda preocuparnos en el
futuro. De esta forma anulamos los miedos, la depresión y la ansiedad.
Liberarnos
de todo esto es amarnos a nosotros mismos, así es como podremos amar a los
demás. No hay otra forma posible. Solo podemos dar lo que tengamos y si lo que
tenemos son temores, depresiones, ansiedades, remordimientos, resentimientos,
pensamientos negativos, tristeza, culpa, etc., eso es lo único que podríamos
dar. De este modo no podemos dar amor a nadie, pues es precisamente de lo que
menos tenemos. Cambiemos todas esas tendencias. Cambiemos todo pensamiento
negativo por su opuesto positivo, vivamos el presente.
No
tratemos de dirigir la vida de nadie, cada uno va cambiando a su ritmo y según
su libre albedrío. Hay que vivir y dejar vivir. Si queremos que alguien cambie
es porque algo tenemos que cambiar en nosotros. Todo cambio que cada uno haga
así mismo será reflejo en los demás y poco a poco irá moldeando su entorno.
Cádiz, 19 de agosto de 2013
José Luis Lladó Meléndez
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