jueves, 19 de noviembre de 2015

IMPOTENCIA



            Impotencia, tristeza, miedo y un sentimiento incontrolado de odio a lo que nos viene de afuera. ¡Qué equivocados estamos!, tanto tiempo buscando la paz, algo que es esencia del ser humano, sin embargo nosotros, ignorantes, hemos creído erróneamente que sólo se puede lograr por medio de las guerras.
            Dejémonos de aislamientos y diferencias, dejemos de marginar ciudadanos de una u otra categoría. A veces los considerados de primera categoría nos demuestran que tras su refinamiento de modales y buena educación son los que, ocultos tras su reputada imagen y su alto nivel social, engañan y cometen las mayores atrocidades.
            Las fronteras, los muros, los guetos, son las barreras que nos limita y separa. Tenemos que eliminar las fronteras y considerarnos todos de una misma familia y así acabarían las guerras. Todos tenemos que evolucionar, no solo en las formas, en la educación y modales, sino, sobre todo, en conciencia. No debemos dejarnos engañar  con excusas para dar riendas sueltas a nuestro egoísmo y nuestra ira y cometer actos peores aún que los que han cometido los que nos han atacado. No debemos usar la violencia para combatir la violencia, pues de esta forma lo que hacemos es reforzarla y agrandarla.
            Basta ya de creer en dioses que nos separan a unos de otros, de creer en un dios que nos protege contra los que no creen en él. Si se cree en Dios, habría que intuir que es Único y por tanto que es el mismo para todo el mundo aunque lo nombremos y representemos de distintas maneras. Dios está en el interior de cada uno. Cada ser humano es parte de Dios, todos somos uno con Dios, por eso el que ataca a otro ser humano lo hace contra Dios y contra sí mismo. Con odio en el corazón no podemos hallar a Dios. Acabemos con las idolatrías y los fanatismos. Acabemos ya las luchas por la religiones, que cada cual siga con la suya, al fin y al cabo, todas pretenden conducirnos a la misma meta, son distintos caminos pero un único destino, DIOS.


José Luis Lladó Meléndez
Cádiz, 18 de noviembre de 2015