EL EGO
El hombre era feliz en tanto se sentía integrado en la Unidad Absoluta de la que formaba parte hasta el momento en que creó su ego, inducido por su mente, representado en forma metafórica como la serpiente. Desde ese momento, la serpiente o sea, el ego se estableció en el hombre, creyéndose éste apartado y superior a todo lo creado, apartándose de Dios. Apareciendo a partir de entonces, como consecuencia de una vibración más baja de energía, el miedo, con todos sus derivados; egoísmo, vanidad, orgullo, celos, odios. Desde entonces la serpiente, creadora del ego, para conseguir tener sometido al hombre durante toda su vida se enroscó en la base de la columna vertebral y de esa forma no deja nunca al hombre ser libre y así siempre se ve dominado y controlado por sus egos. Durante toda su vida el hombre va utilizando distintos egos, que no son más que distintos personajes que representa, según las circunstancias, el entorno o las personas con las que se relaciona, no llegando a ser casi nunca él mismo sino alguno de sus personajes, llegando a perder su total identidad. Para poderse liberar el hombre de las ataduras de sus egos debe elevar su vibración energética y poco a poco ir sustituyendo el miedo por amor, hasta hacer salir a la serpiente, la Kundalini. Una de las formas de conseguirlo es conociéndose uno mismo. Esto se puede lograr a través de la meditación y de indagar cada uno en su interior. A partir de ese momento, una vez llegado al interior y conociéndose uno mismo, libre ya de las ataduras de sus egos, se vuelve a tomar consciencia de la conexión con la totalidad de la que siempre ha formado parte.
23 de Septiembre de 2010
José Luis Lladó Meléndez
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